De todo un poco

Almuerzo con Márkaris

Le llaman “el escritor de la crisis”. Petros Markaris tiene 77 años aunque no los aparenta, es jovial y tiene la sonrisa fácil. El lunes 11 de setiembre estuvo en Puro Verso a mediodía, en la primera actividad de su visita a Montevideo. Iba a firmar libros, pero supongo que la difusión fue poca, porque cuando llegué no había casi nadie. Tampoco me extrañó demasiado, en Montevideo suceden esas cosas que dan un poco de vergüenza ajena. Una periodista de La Diaria le hacía una entrevista, así que pudimos disfrutar en primera fila de la inteligencia y simpatía con que conversó con Deborah Quiring. Aquí el texto de esa entrevista.

Firmó libros de las personas que se acercaron con esa timidez tan uruguaya con que los lectores casi piden disculpas al hacerlo. Yo tenía “Pan, educación y libertad”, el tercer tomo de trilogía que escribió sobre la crisis en Grecia, al que anteceden “Con el agua al cuello” y “Liquidación final”. Conversé con él unos minutos acerca de las actividades de Semana Negra, un evento de literatura policial que organicé en abril. Por supuesto que traducción mediante, con la ayuda de la gente de Fundación Tsakos que cumplieron el rol de anfitriones durante la jornada de Márkaris en Montevideo. Tuvieron además el gesto de sacarme estas fotos y enviármelas, (yo no me había dado cuenta de que lo hicieron, así que la sorpresa fue muy linda!!).

2014-08-11 13.20.15 (1)

Luego de la entrevista y las firmas, cuando yo tomaba una sopa y una copa de vino con una amiga, el escritor almorzó en la mesa de al lado, a menos de un metro de donde comíamos. Kostas Jaritos, el policía protagonista de nueve de sus novelas policiales, no hubiera extrañado la deliciosa comida de su mujer porque el restaurante de Más Puro Verso estuvo a la altura con sus riquísimos platos. Lo esperaba una tarde de actividades y charlas, así que nos alegró verlo disfrutar de un almuerzo tranquilo. Para mí, fue muy gratificante ser testigo de la charla de un hombre inteligente y lúcido, que consigue, gracias a su talento y creatividad, convertir las experiencias durísimas  de la crisis griega en libros  muy bien escritos que sin duda sumarán en la crónica de la sociedad de nuestro tiempo.

Un palacio para leer

Paseando por Madrid siempre se encuentran sorpresas. En este re-encuentro con la ciudad en la que viví durante seis años descubrí varias. El eco sabinesco de “Pongamos que hablo de Madrid” sonaba en mis oídos mientras deambulaba por Anton Martín, tomaba una caña los bares de la calle Etchegaray o se me presentaba la mole de la inevitable puerta de Alcalá.

El Palacio de Cristal está insertado en medio del Parque del Retiro y aparece de golpe, como asomando detrás de un árbol. Fue construido como pabellón para la Exposición Universal de 1887, y generalmente se usa para muestras temporales de artes plásticas. La estructura totalmente vidriada hace que desde el interior, el cielo parezca cortado en fragmentos regulares y la luz llegue filtrada a través de las copas de los árboles. El entorno es de una belleza majestuosa. Me gusta siempre visitarlo, pero confieso que en general las exposiciones que encontraba me resultaban bastante ajenas, de arte conceptual moderno difícil de asimilar, al menos para mí. Una vez di con esponjas dentro de vitrinas, otra vez se exponían torres de caramelos, o juegos para niños herrumbrados y en desuso.

Esa tarde de julio llegué hasta allí, cansada por una larga caminata desde la Plaza Mayor. Disfruté, como siempre, de la silueta elegante y antigua del edificio y subí la escalinata del frente, ya que a nunca puedo evitar la curiosidad de vichar qué se expone. A primera vista me pareció que el ambiente estaba vacío. Había muy pocas personas deambulando.  Miré con más atención y vi grupos de dos o tres mecedoras distribuidas aquí y allá. Me acerqué, con pocas esperanzas de que pudieran usarse, segura de que una línea en el piso marcaría el límite.

Palacio de CristalUna de las mecedoras me llamaba.  En el asiento de esterilla había un libro con tapas de cuero verde, de aspecto antiguo. Lo levanté. Estaba sujeto a al apoyabrazos con una tira de cuero. Encontrar un libro me dio el permiso necesario, así que me senté y empecé a hojearlo. Contenía tres historias breves; una en francés, otra en algún idioma de alfabeto cirílico y la tercera, una novela corta de Enrique Vila-Matas, “Una teoría sobre la novela”. Allí me quedé, a disfrutar la lectura, mientras la tarde cambiaba de color detrás de los cristales.

Cada mecedora tenía un libro a disposición, siempre con textos en tres idiomas distintos. La exposición se llama “Splendide Hotel” y es de Dominique Gonzalez-Foerster (Estrasburgo, Francia 1965). Según el texto del folleto, “Propone un viaje a través del cual el espectador se transporta a espacios y a tiempos donde lo imaginario se mezcla con lo real y en los que la literatura marca las pautas a seguir para habitar ese mundo onírico, llevando así a la obra de arte más allá del significado de los objetos. Varias mecedoras invitan al espectador a sentarse y a ser partícipes en la obra, sumergiéndose en alguno de los muchos libros que la artista ha seleccionado para la ocasión. José Rizal, Dostoievski, Rubén Darío, H. G. Wells o Enrique Vila-Matas son algunos de los autores propuestos por la artista francesa para este viaje”.

la foto 2

Lectores de antes, lectores de ahora

Leer antes y ahora
Leer antes y ahora
Lectores de antes, lectores de ahora

Alberto Silva me hizo una entrevista para la radio CX30, hace ya un tiempo. Varios oyentes que habían leído “El poder invisible” enviaron mensajes. Una mujer escribió esto: “Me encantó el libro, anoche me quedé leyéndolo hasta las cuatro de la madrugada”. Una  mujer que lee en la soledad de la noche, el silencio que la rodea, el ambiente quieto de la madrugada, la necesidad de seguir leyendo hasta el final. A quienes somos lectores, seguro que esto nos ha atrapado más de una vez. Y me gusta pensar que algo que yo escribí fue capaz de generarlo.

Parece obvio decir que el lector es  el que da sentido a lo que hacemos. Hace poco di con “El último lector” de Ricardo Piglia, y puedo confesar que me atrapó. Analiza varios lectores, personas reales o personajes de ficción, y las situaciones en que leen,  su forma de salvarse a través de la lectura. Borges dijo, (aunque no sé si de verdad lo pensaba) que estaba más orgulloso de lo que había leído que de lo que había escrito.

Dice Piglia que hay dos mitos a los que temen los lectores. Estos miedos ancestrales han sido representados por varios escritores distintas obras: el primero es un mundo sin libros, como los de Ray Bradbury o Huxley, con quemas de libros o personajes que mantienen las historias en la memoria individual para que no se pierdan. El segundo es la situación en donde un lector tiene que elegir un libro. De todas las posibilidades, limitarse a uno solo,  (la típica pregunta periodística acerca de qué libro elegirías para llevarte a una isla desierta), como Robinson Crusoe en la isla con su Biblia. Las dos son situaciones capaces de generar una ansiedad intensa para quien no puede concebir la vida sin leer.

Me preguntan bastante sobre el futuro de los libros, la disminución en los hábitos de lectura, la forma en que Internet introduce cambios en la forma de publicar, leer y escribir. A pesar de los pronósticos apocalípticos, yo estoy convencida de que siempre necesitaremos historias. Presentadas de otra forma, en nuevos modelos, con distintas tecnologías. Pero el hombre siempre las ha necesitado, y seguirá haciéndolo para poder trascender las miserias cotidianas.

En la Escuela Brasil, en una charla sobre “La ventana de enfrente”, un niño me preguntó hace unas semanas si yo conocía Youtube, quizá esperando ser quien me pusiera al tanto de lo que se puede buscar allí. Nos pusimos a  charlar, yo quería saber qué elige mirar cuando se conecta. Y lo que me contó es que sigue los videos de un adolescente, un poco mayor que él, que elige juegos y cuenta cómo lo hace. O sea que, en lugar de jugar solo, ese niño de diez años elegía que otra persona le contara cómo lo hacía y qué sentía. Me quedé pensando en que es posible que ésta sea una nueva forma de conseguir que alguien te cuente una historia.