Una tertulia muy negra

La tertulia de un viernes

La tertulia de un viernes

Empiezo este post con una confesión íntima: Soy “fan” de las tertulias que dirige Emiliano Cotelo. Antes en El Espectador, ahora en Oriental, “En perspectiva” sigue atrapando mis mañanas siempre que puedo escucharlo. Empecé a seguir este formato de programa de radio cuando vivía en Madrid, en la Cadena Ser, en la época de Iñaki Gabilondo, antes de Carles Franzini (parece que de allí fue que se trajo la idea a Uruguay). Aunque los españoles, radicales y expresivos como son en todo, se gritan mucho y discuten con violencia, y el moderador no consigue ordenar la cosa. El que escucha a veces se pierde lo que cada uno opina en ese escándalo de voces superpuestas. En cambio, Cotelo impone respeto y consigue un equilibrio entre los cuatro invitados.

Hay muchos que dicen que no es lógico que haya “todólogos” que hablen sobre todo, desde la revolución francesa hasta qué dijo el presidente de Venezuela en su último discurso, pasando por la new age o el futuro de Internet. Puede, ser, no lo discuto, pero yo lo disfruto igual. Tengo mis preferidos, claro, pero no es el tema de este post.

En la primera edición de Semana Negra, que se hizo en La Floresta, me animé y llamé a “En perspectiva” para invitarlos a participar, en una mesa sobre novela negra. Con muy buena onda, les entusiasmó la idea y aceptaron. Fue “La Tertulia de los viernes”, como correspondía a un evento literario. Un viernes de Semana Santa, en un balneario tan católico como La Floresta, ¡todo un desafío hablar de muertes, crímenes y asesinos! Me invitaron a participar de la mesa. Nada menos que con Carlos Maggi, Ana Ribeiro y Juan Grompone.

Como si no estuviera nerviosa

Como si no estuviera nerviosa

Realmente, estaba nerviosa. El tema era la novela negra, claro, y yo ya tenía pensado qué iba a decir, sobre qué novelistas iba a hablar, mis libros preferidos. La tarde anterior, jueves, el día en que se inauguraba Semana Negra, vinieron los técnicos a probar sonido, Internet, conectaron los equipos, todo muy profesional. No podía estar Emiliano porque estaba de vacaciones, así que vino vino Rosario Castellanos, recorrió las instalaciones, tomó fotos, asistió a alguna charla. Todo en orden. Cuando ya estaba terminando la actividad de ese día, me llamó Nicolás Batalla, el productor del programa:

Acaba de morir Gabriel García Márquez”, me dijo. “Por lo tanto, tenemos que cambiar todo el formato del programa. Salimos hablando del escritor, luego pasamos al resto de los temas. Te mando info por correo electrónico”.

Yo tenía para un par de horas de actividad todavía,  a mil con las decenas de pequeños (o no tanto) problemas que surgen en la organización de un evento.  Entre uno y otro, trataba de pensar en los libros de García Márquez que más me habían gustado, en qué podía decir, en que me faltaba tiempo para prepararlo bien. Llegué a casa sobre las 2 de la mañana, y tenía en mi correo muchos documentos enviados por la producción sobre el escritor, su vida y su obra. Lo leí como pude.

Tertulia completa, con Rosario Castellanos, Ana Ribeiro, Juan Grompone, Carlos Maggi y una "convidada de piedra"

Tertulia completa, con Rosario Castellanos, Ana Ribeiro, Juan Grompone, Carlos Maggi y una “convidada de piedra”

No sé cómo salió. Me dicen que bien, pero yo no me quedé contenta. Maggi,  Grompone y Ribeiro hicieron todo por hacerme sentir bien, pero estar ahí y compartir la dinámica no es fácil, ellos están tan acostumbrados, dominan tan bien cuándo intervenir y cuándo no, el timing preciso, la palabra justa.  Me sentí mucho más cómoda hablando sobre novela negra que sobre García Márquez, pero pasé la prueba. Fue una experiencia muy linda, ¡sobre todo, recordarla cuando terminó¡ Y después, almuerzo en casa de Carlos Maggi, Ana Ribeiro estaba también. Carlos era un grande, una persona que enriquecía con su presencia. Un regalo volver a su casa, y compartir una charla sin mirar el reloj.

Sigo escuchando las tertulias (aunque ahora hay que llamarlas “mesas”) , y después de haber estado en una, cambió mi percepción, no sabría bien cómo explicarlo. Lo vi del otro lado, y al escucharlo en la radio, soy capaz de imaginarlo mejor. Por eso, no lo miro por Internet, prefiero las voces por radio, y recordar “mi” tertulia.

 

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