¿Por qué me gusta la novela negra?

Una noche de verano en mi adolescencia, todavía recuerdo que al terminar “El talento de Mr. Ripley”,  estaba tan asustada que no fui capaz de atravesar sola el corredor de la casa de balneario para ir al baño,  y tuve que despertar a mi hermana para que me acompañara. Graham Greene dijo: “Patricia Highsmith ha  creado un mundo original, cerrado,  opresivo, donde penetramos con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro, pues tenemos enfrente un placer mezclado con escalofrío”. El suspenso, ese miedo que provoca ansiedad en el lector, el ritmo que aumenta con cada página, son las características de la novela negra.  Es un género que nace de la novela policial; en ambos están presentes la lucha del bien contra el mal, la intriga, y las ambiciones que mueven a los personajes los arrastran a cometer lo que sea con tal de conseguir gloria y dinero.  Se diferencian en que la novela negra no sigue el esquema clásico y de alguna forma rígido que tenía la policial, sino que es más libre, incluye otros puntos de vista, y lo más importante ya no es perseguir y atrapar al delincuente, sino internarse mas profundamente en las contradicciones y debilidades de la sociedad.

Como dice el escritor Mempo Giardinelli: “Todavía hoy, para mucha gente, resulta inexplicable la fascinación que esta literatura ejerce sobre millones de personas. Pero a pesar de tan masiva aceptación, todavía es considerada “menor”. Sin embargo, el género negro se toca, en sus mejores expresiones, con la mejor literatura universal. El largo adiós, por ejemplo, es una gran novela. No es una gran novela “policial”, sino una gran novela. Y 1280 almas de Jim Thompson, también.” La polémica está servida. Giardinelli también describe las características de la novela negra latinoamericana y sus diferencias evidentes con la anglosajona. En la ausencia de instituciones y de marco legal definido, se genera  esa especie de “sálvese quien pueda” y los que investigan están mucho más perdidos y solos.

A mí me atraparon las andanzas de Easy Rawlins, el detective de Walter Mosley, así como las contradicciones de Mr. Ripley. Los libros protagonizados por Kinsey Milhone y Petra Delicado, dos de las pocas detectives femeninas, están en mi biblioteca. Y por supuesto, también los de Wallander y Montalbano, entre tantos otros.

Porque es una excelente forma de conocer una sociedad y sus rincones más oscuros, las miserias y grandezas de las personas, porque la certeza de la muerte nos atrae y nos aterra al mismo tiempo. Por todas estas razones, me gusta la novela negra.

Este texto forma parte de un artículo que publiqué en la revista LetraNueva, edición especial para Semana Negra. 

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