Lectores de antes, lectores de ahora

Leer antes y ahora

Lectores de antes, lectores de ahora

Alberto Silva me hizo una entrevista para la radio CX30, hace ya un tiempo. Varios oyentes que habían leído “El poder invisible” enviaron mensajes. Una mujer escribió esto: “Me encantó el libro, anoche me quedé leyéndolo hasta las cuatro de la madrugada”. Una  mujer que lee en la soledad de la noche, el silencio que la rodea, el ambiente quieto de la madrugada, la necesidad de seguir leyendo hasta el final. A quienes somos lectores, seguro que esto nos ha atrapado más de una vez. Y me gusta pensar que algo que yo escribí fue capaz de generarlo.

Parece obvio decir que el lector es  el que da sentido a lo que hacemos. Hace poco di con “El último lector” de Ricardo Piglia, y puedo confesar que me atrapó. Analiza varios lectores, personas reales o personajes de ficción, y las situaciones en que leen,  su forma de salvarse a través de la lectura. Borges dijo, (aunque no sé si de verdad lo pensaba) que estaba más orgulloso de lo que había leído que de lo que había escrito.

Dice Piglia que hay dos mitos a los que temen los lectores. Estos miedos ancestrales han sido representados por varios escritores distintas obras: el primero es un mundo sin libros, como los de Ray Bradbury o Huxley, con quemas de libros o personajes que mantienen las historias en la memoria individual para que no se pierdan. El segundo es la situación en donde un lector tiene que elegir un libro. De todas las posibilidades, limitarse a uno solo,  (la típica pregunta periodística acerca de qué libro elegirías para llevarte a una isla desierta), como Robinson Crusoe en la isla con su Biblia. Las dos son situaciones capaces de generar una ansiedad intensa para quien no puede concebir la vida sin leer.

Me preguntan bastante sobre el futuro de los libros, la disminución en los hábitos de lectura, la forma en que Internet introduce cambios en la forma de publicar, leer y escribir. A pesar de los pronósticos apocalípticos, yo estoy convencida de que siempre necesitaremos historias. Presentadas de otra forma, en nuevos modelos, con distintas tecnologías. Pero el hombre siempre las ha necesitado, y seguirá haciéndolo para poder trascender las miserias cotidianas.

En la Escuela Brasil, en una charla sobre “La ventana de enfrente”, un niño me preguntó hace unas semanas si yo conocía Youtube, quizá esperando ser quien me pusiera al tanto de lo que se puede buscar allí. Nos pusimos a  charlar, yo quería saber qué elige mirar cuando se conecta. Y lo que me contó es que sigue los videos de un adolescente, un poco mayor que él, que elige juegos y cuenta cómo lo hace. O sea que, en lugar de jugar solo, ese niño de diez años elegía que otra persona le contara cómo lo hacía y qué sentía. Me quedé pensando en que es posible que ésta sea una nueva forma de conseguir que alguien te cuente una historia.

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