La escritora y la otra

Writing-Clip-ArtComo muchos de los que escribimos, me gano la vida, o el pan, o como quieran llamarlo, con una actividad que  tiene poco que ver con la escritura. Incluso los que trabajan en el periodismo, o dando clases de literatura (que de alguna forma se relaciona más con la palabra escrita), argumentan que la rutina, los horarios, las obligaciones y todo lo que implica su dedicación laboral les deja poco tiempo libre para lo que realmente quieren hacer.

En el Festival Ñ organizado en el Centro Cultural de España, fui a una charla del escritor Carlos Liscano, el director de la Biblioteca Nacional. Allí habló de una idea, que me llegó mucho y luego leí con más detalle en su libro “El escritor y el otro”. Consiste en que dentro de todos los que escriben conviven dos personas, (y aquí incluye a todos, no solamente a los que logran vivir exclusivamente de su escritura, son conocidos, o publican, sino a todos quienes escriben).  Esas dos personas son el escritor y el otro. El escritor es quien imagina, inventa, crea, escribe, corrige, y vuelve a corregir, en ese proceso largo y repetitivo que lleva a toda obra literaria. Y al otro, Liscano lo llama “el sirviente”. El sirviente es quien se levanta de mañana, desayuna, sale a trabajar (muchas veces diez o hasta doce horas por día, como me ha pasado a mí en varias etapas de mi vida), cuida y se ocupa de los hijos, de la pareja si la tiene. Es el que convive, socializa y  trae el sustento para que el escritor pueda dedicar, quizá una hora por día, quizá menos, quizá solamente el fin de semana,  a veces solo un día cada siete, a ese proceso trabajoso y necesario para que una obra vea la luz. Pero a pesar de esa relación entre los tiempos dedicados a uno y otro personaje interno, el sirviente es quien vive por y para el escritor, en función de sus caprichos, demandas y delirios.

Mi propósito firme es que cada vez pueda dedicar más tiempo a la escritora, y menos a la otra.  En eso estoy.

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